Miércoles 18 de Octubre 2017

¿Sabes si vives con un hijo de mamá?

Conoce qué hacer si te casaste o convives con un “mama’s boy”
¿Sabes si vives con un hijo de mamá?
Si te compara todo el tiempo con su mamá, estás en problemas.

¿Te compara todo el tiempo con su madre? ¿Ante sus ojos, ella siempre hace todo mejor? ¿Habla con su progenitora varias veces al día y siempre es sobre tonterías? ¿Le consulta todo a su mamá?

Si te sientes identificada con alguna de las preguntas anteriores es porque vives bajo el mismo techo con un “nene de mami” o “mama’s boy”, como se les llama en la cultura popular a los hombres que tienen un apego extremo hacia sus madres.

La sicóloga clínica Julia Isabel González González señaló que aunque ese término no se emplea en la sicología, se entiende que el mismo se refiere a un hombre que, debido a su crianza, es dependiente de su madre y mantiene una relación simbiótica con ella en la que parecen no existir los límites. Estos casos también pueden darse a la inversa, donde el hijo varón adulto es quien domina la vida de su mamá.

“Es el hombre adulto cuya madre nunca ha dejado de hacerle sus quehaceres. Por ejemplo: le cocina, le lava la ropa, hay casos en que lo mantiene económicamente o se siente responsable de darle una mesada, le limpia la casa o apartamento, le compra cosas constantemente, etcétera. Además, típicamente influye o manipula muchas o todas las decisiones de su hijo. Es el hijo que siempre vive con su madre y que no se marchará de la casa hasta que se case o inclusive, su madre vive con él y su esposa para que continúe haciéndole los quehaceres del hogar. La madre se vuelve parte del ‘paquete’”, explicó.

“De adulto es el hombre típicamente dependiente e inseguro, el hombre que no se atreve a tomar sus propias decisiones. Muchos presentan serias dificultades para conseguir pareja o mantenerla y/o desarrollan trastornos patológicos. Los ‘mama’s boys’ pueden llegar a resentir este tipo de dinámica con sus madres al ser señalados y criticados por otras personas significativas, pero su inseguridad puede impedirles salir de esta relación de apego excesivo, inclusive pueden sentirse extremadamente culpables al intentarlo. Piensan: ‘todo lo que mi madre hace por mí, y ¿así voy a pagarle? ¿Ahora voy a abandonarla? ¿Podré con todo esto yo solo?’”, continuó.

Otras características que presentan estos hombres es que suelen ser faltos de iniciativa, dejando esa responsabilidad en su pareja. Además, son vagos y de alguna manera esperan y verbalizan que esperan que hagas las tareas del hogar de la misma forma que sus progenitoras.

Este último punto es el detonante de muchas discusiones en la relación, según señaló.

No obstante, recalcó que no todos los “mama’s boys” son iguales.

“Existen unos casos más sutiles que otros. Esto ocurre por la crianza provista por la madre. Sin embargo, hay que tener mucho cuidado de no caer en la típica trampa de culpar a la madre y no atribuir ninguna responsabilidad al hijo ya adulto. Un hombre adulto sin discapacidad tiene la capacidad de reconocer el lugar que ha asumido y hacer algo por cambiarlo, tiene la capacidad de tomar sus propias decisiones, y si no lo hace, se trata de una elección propia”, subrayó.

Indicó que un hombre desarrolla un apego extremo hacia su madre cuando es sobreprotegido desde la niñez y este se cría con una dependencia exagerada.

“Por ejemplo, por sus propios miedos e inseguridades, si se trata de un hijo muy deseado y que pensaba no podría tener por problemas de fertilidad o porque lo tuvo luego de varios abortos. Otros ejemplo son cuando el niño nace con alguna condición de salud y se acostumbran a sobreprotegerlo por temor a que enferme, porque no quiere que su hijo sufra las carencias que ella vivió o inclusive, y muy característico de la cultura puertorriqueña, porque lo asume como su deber de mujer y madre. Vamos, que lo hacen por ‘puro amor’ sin darse cuenta del daño que le provocan”, argumentó.

De otro lado, la experta en conducta humana afirmó que un ‘mama’s boy’ puede “rehabilitarse”, pero para que eso ocurra, es fundamental que uno de los dos –la madre o el hijo– se sienta incómodo o molesto con a un aspecto del otro o la relación entre ellos.

“Si ambos se encuentran contentos y satisfechos con sus vidas y relación, es muy poco probable que procuren ayuda alguna”, enfatizó.

Recalcó que en casos donde la dependencia es leve, “bastaría con que madre o hijo se cansen de la dinámica y establezcan un límite”.

“Cuando los niños pasan a la adolescencia o de la adolescencia a adultez, solemos ver este tipo de casos; ya no quieren que sus madres se inmiscuyan en todas sus cosas y reclaman su espacio, o las madres se cansan de vivir esclavizadas a sus hijos y una vez son adultos, cesan de hacerles los quehaceres y de querer resolverles la vida. Ya no cuentan con la energía, ni el deseo”, reiteró.

Puntualizó que en situaciones más graves, la ayuda sicológica se recomienda para una de las partes. La terapia de familia, dijo, puede ser de gran ayuda en estos casos.

Si identificas que tu pareja es un “mama’s boy” y su comportamiento está perjudicando su relación, destacó, es necesario que le hables a él con mucho respeto sobre las observaciones que has hecho de la relación tan apegada que tiene con su madre. Es fundamental que le plantees tus preocupaciones y/o molestias al respecto.

“La comunicación afirmativa y respetuosa es clave para que tu mensaje no sea tomado como una mera ofensa.

Podrías influir en que tu pareja gane seguridad en sí mismo y comience a ser más independiente, lo que le llevaría a establecer fronteras con su mamá. Si la situación es grave la respuesta inevitable será la negación de todas tus observaciones e inclusive el coraje como única respuesta cada vez que le toques el tema”, advirtió.

Igualmente, González González hizo hincapié en la importancia de no contribuir a perpetuar esa relación de dependencia.

“Si te ubicas en el lugar de madre y complaces todas las peticiones de tu pareja tendrás por siempre irremediablemente a un hombre dependiente de ti a tu lado, en fin, un hijo pequeño en vez de un esposo o pareja”, añadió.

Del mismo modo, dijo, es importante establecer límites con tu esposo o pareja, como por ejemplo, compartir las responsabilidades del hogar en lugar de asumirlas en su totalidad; evitar tomar decisiones por él como la ropa que va a ponerse, lo que va comer, a dónde ir a pasear, qué productos usar, qué comprar, entre otras.

“Hay ocasiones en que también es necesario establecerle límites a la suegra, sobre todo si viven todos juntos”, puntualizó.

También es imperativo dejar claro el lugar que se quiere ocupar en la vida de él y lo que esperas como pareja. Ese es el momento de trazar la línea sobre las decisiones que deben tomar como pareja y lo que deseas que él te informe, comparta o consulte primero que a su progenitora porque se trata de asuntos que solo les concierne a ustedes dos.

En caso de que la situación se torne intolerable o que no haya presentado cambios tras haber hablado con él al respecto en diferentes ocasiones y sugerido buscar ayuda, es necesario preguntarte si estás dispuesta a continuar con la relación.

“Sólo tú puedes reconocer y establecer tus límites. Si aún sintiendo gran malestar y/o angustia no logras terminar con la relación de pareja podrías beneficiarte de un espacio de terapia psicológica”, expresó.