Sábado 18 de Noviembre 2017

El poder del beneficio de la duda

Aprovecho para mandarle un fuerte abrazo a todas las mujeres emprendedoras del mundo en este mes de marzo que por si no lo sabias, es el Mes de las Mujeres

El famoso ‘beneficio de la duda’ es quizás uno de los más complicados de otorgarle a un desconocido, sin embargo, creo que es el que deberíamos literalmente regalarle a toda persona que se cruce en nuestro camino. Lo digo porque lo he vivido desde cada lado.

Seguramente a ti también te ha pasado. Conoces a una persona y ya sea porque alguien más te había dicho algo o porque en tu corazón sentiste ‘una mala vibra’ inmediatamente te predispones a cualquier cosa que esa persona diga, haga o hasta a la mirada que puede según tú, darte. Sin tan siquiera darle una segunda oportunidad para llegar a conocer a esa persona, te impones una barrera mental y terminas dañando una relación sin ni siquiera haberla comenzado.

¿No les parece incomodo andar por la vida predispuestos? Si la respuesta es sí, pues sigue leyendo.

El día en que conocí a Marisol, ahora una de mis buenas amigas, confieso haber pensado que era una persona antipática y como decimos ‘creída’. La chica se vestía muy bien, hablaba poco y siempre se sentaba a comer con un grupo muy selecto de amistades.

Resulta que antes de haberla conocido en persona, yo ya tenía una versión de quien supuestamente era ella por los comentarios que me habían hecho. En pocas palabras, los demás se habían encargado de presentármela sin que ella estuviera presente. ¿Injusto, no creen? No solo para ella, sino para ambas.

Pasaron las semanas y un día se me ocurrió entablarle una conversación recordándome a mí misma de la importancia y el poder que tiene darle a alguien más esa segunda oportunidad. En pocos minutos, me empecé a sentir muy mal, pues la chica que tenía enfrente de mí no era la misma persona arrogante de la cual yo tanto había escuchado.

Por el contrario, era una muchacha un tanto penosa que ni levantaba la mirada para hablar o saludar a los demás no por antipática, sino por vergüenza. Marisol había sido víctima de hostigamiento durante toda su vida y apenas hacía pocos meses que gracias a un tratamiento médico había podido llegar a un peso acorde a su cuerpo. Durante años, me contó, era el centro de las burlas en su escuela y trabajo por su apariencia. Esa, señores, era la verdadera razón por la cual esta muchacha actuaba como actuaba.

No era ego, era miedo a ser rechazada.  ¿Valió la pena darle una segunda oportunidad y conocerla? ¡Absolutamente! Es ahora una de mis mejores amigas.

Aprovecho para mandarle un fuerte abrazo a todas las mujeres emprendedoras del mundo en este mes de marzo que por si no lo sabias, es el Mes de las Mujeres.

Espero tus comentarios y escuchar tus historias,

Carolina Sarassa

@CarolinaSarassa