Miércoles 22 de Noviembre 2017

Profesionales sufren en silencio la adicción a las drogas

Las personas con una trayectoria profesional generalmente esconden su problema por miedo a dañar su carrera
Profesionales sufren en silencio la adicción a las drogas
Muchas veces el problema comienza con el uso social del alcohol y se van sumando otras sustancias.
Foto: Shutterstock

Puede parecer la persona más exitosa en su campo, estar en la cúspide de su carrera, lucir imponente, influyente y al mismo tiempo sufrir la adicción a alguna sustancia que pone en peligro no sólo su ejecución y sus relaciones, también su vida y la de terceros.

La adicción en personas de “alto perfil” suele pasar desapercibida, pero su efecto tiene el potencial de ser igualmente detrimental, con el agravante de que puede poner en riesgo la vida y el bienestar de quienes confían en sus capacidades profesionales.

Ha habido casos conocidos de abogados, ingenieros, médicos y otros profesionales de la salud, funcionarios de gobierno, educadores, empresarios y empresarias, líderes políticos, cívicos y hasta religiosos que protagonizaron situaciones escandalosas o trágicas estando bajo los efectos de sustancias adictivas.

“Este tipo de patrón de comportamiento ha ido aumentando en estos últimos 10 años y en la medida en que la situación económica y social se torna más compleja, en esa misma medida necesitan buscar una experiencia de alivio o escape a estas tensiones cotidianas y lo que antes se hacía con alcohol ahora se hace con alcohol y (otras) sustancias. El alcohol no deja de estar presente”, revela el doctor en psicología clínica José Santos.

“Pasa desapercibido en la sociedad aunque no así el efecto que tiene en ellos y en los que le rodean, incluyendo el ámbito laboral. No se nota a simple vista por el tipo de drogas que utilizan, los sitios que frecuentan y por el grupo social al cual pertenecen. El tipo de droga de referencia está vinculada a la marihuana, la cocaína, anfetaminas y algunas drogas de ensayo”, detalla.

“Estamos hablando de profesionales sobre los 30 a los 50 años de edad. No estamos hablando de adolescentes, de jóvenes adultos, estamos hablando de un sector que tiene  recursos económicos para costearse el uso de estas sustancias, que lleva una vida productiva, pero que va necesitando cada vez más este tipo de escape. Aunque niegan tener problemas con uso de sustancias, ese sí es un problema para su vida familiar, personal y laboral”, agrega.

Coctel de sustancias

Explica Santos que muchas veces el problema comienza con el uso social del alcohol y se le van sumando otras sustancias. Si las sensaciones experimentadas resultan agradables, la combinación se repite. En ocasiones, menciona el doctor en psicología, una sustancia contrarresta el efecto de otra y se hace más fácil disimularlo. Menciona como ejemplo la cocaína y el alcohol.

alcohol

“El cuerpo va creando o desarrollando una tolerancia a la sustancia y para yo alcanzar ese estado de satisfacción, de bienestar, de placer, necesito aumentar la dosis o cada vez necesito hacerlo más frecuente, y mientras más frecuente lo hago más me torno dependiente psicológicamente de la sustancia”, ilustra.

Si bien al principio pueden mantenerse productivos sin llamar la atención y sin aparentes efectos mayores a su salud, esto cambia con el tiempo. “Eventualmente esto tiene un precio, quizá no sea en uno o dos años, pero a lo largo de los años o las décadas tiene un peso grande, entre ellos el deterioro cognitivo, de los procesos de razonamiento y pensamiento, la reducción en la productividad laboral, la afectación de las relaciones”, advierte Santos.

El World Drug Report 2013 de la Oficina de Drogas y Crimen de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) menciona a Puerto Rico como el octavo país del mundo con el mayor índice de uso de drogas inyectables, superado solo por Azerbaijan, Seychelles, la Federación Rusa, Estonia, Georgia, Canadá y República de Moldova. Esta es solo una de múltiples categorías de sustancias adictivas, y ya está establecido el problema serio de narcotráfico en Puerto Rico, así como el de abuso de sustancias legales como alcohol y medicamentos controlados.

“Aunque las tasas de abuso y dependencia de sustancias son similares a las de la población general, la prevalencia es preocupante porque los profesionales de la salud son los responsables de velar por la salud general y el bienestar de la población”, afirma el escrito.

Indica que tienen índices más altos de abuso de benzodiazepinas y opiáceos, y que  especialistas en áreas como anestesiología, emergenciología y psiquiatría son más propensos, entre otras cosas por tener más fácil acceso a las sustancias. Agrega que estudiantes de medicina usan drogas y alcohol mayormente para fines recreativos, mientras que residentes y médicos que hacen guardias utilizan drogas para mejorar su productividad y para tratar dolencias como dolor, ansiedad y depresión.

¿Cuándo se habla de una adicción?

Toraño aclara que para tener una adicción no hay que consumir la sustancia todos los días, mas cuando se usa puede traer consecuencias severas. Enumera 11 indicadores de adicción entre los que figuran el no poder cumplir con los límites de consumo autoimpuestos, invertir gran parte del tiempo en torno a actividades de consumo o recuperación de sus efectos, incumplimiento de deberes y aislamiento.

Indica el especialista que con la presencia de dos o más indicadores se puede hacer un diagnóstico de adicción, y aclara que desintoxicar el cuerpo de este tipo de sustancia no es sinónimo de sanación. “Ahí es que realmente comienza el tratamiento. Dependiendo la sustancia  puede haber medicamentos para ayudar a seguir la abstinencia. Además, muchas personas con problemas de adicción traen trastornos adicionales (mentales, emocionales o físicos). Hay que evaluar a la persona. (Por ejemplo) No hago nada enfocándome en su uso de cocaína si no atiendo la depresión”, ilustra.

Toraño recomienda identificar qué circunstancias de la vida impulsan a usar la droga para atenderlas, considerar terapias grupales y cultivar la espiritualidad como apoyos al tratamiento, no como reemplazo del mismo, y procurar un manejo individualizado.

Pero el problema con las personas adictas de “alto perfil” es que no suelen buscar ayuda. “Lo más grave del asunto es que no buscan ayuda, y el no buscar ayuda obedece al hecho de que temo que me identifiquen como un usuario de alguna sustancia, ir a una oficina de tratamiento porque me identificarían con facilidad, temo traérselo al psiquiatra o psicólogo vía el plan médico porque a pesar de que existe la ley de confidencialidad hay el temor de que la información se filtre, por lo tanto arrastro mi adicción sin buscar ningún tipo de ayuda. Viven afirmándose a sí mismos que el problema no es serio”, alerta Santiago.

Destaca la necesidad de reconocer que incluso el consumo de alcohol debe levantar bandera y estar alerta a las drogas recetadas, “que pueden ser muy legítimas, pueden ser prescripciones fraudulentas, como han habido casos, y puede ser, si son profesionales vinculados a la salud, que tengan accesibilidad dentro del entorno de trabajo”.

“Hay alternativas estrictamente confidenciales donde se hacen acuerdos de tratamiento que pueden ser en la oficina del profesional, del paciente, puede ser en la casa de la persona o en la oficina del proveedor de servicios a una hora donde haya la mayor privacidad para trabajar con el problema”, asegura Santos.

Toraño, por su parte, enfatiza que cuando las personas con adicciones están conscientes de que tienen mucho que perder -ya sea su título o licencia profesional, su familia, sus bienes- la presión que les pone esto suele ayudarlos a responder mejor a los tratamientos.

“No todas las personas necesariamente buscan ayuda. Algunas tienen presión de la familia, de la esposa, profesional, y estas presiones externas sí pueden ayudar. Si mi esposa no me pelea, no me amenaza, yo sigo haciendo lo que me da la gana. Uno escucha mucho que ‘hasta que la persona no esté lista no se puede’. Debemos cambiar eso (para actuar con más sentido de urgencia). Cada sustancia tiene su efecto y potencialmente para algunas personas el primer paso debe ser hacer que la persona deje de usarla”, exhorta el psiquiatra subespecialista en adicciones.

– Aurora Rivera Arguinzoni