Jueves 19 de Octubre 2017

Programas residenciales para niños ‘problemáticos’

Joven latina comparte su experiencia en una institución de prácticas abusivas a la que fue enviada para 'curar' sus tendencias
Programas residenciales para niños ‘problemáticos’

Rebecca López, de Los Ángeles, California, tenía 15 años de edad cuando un hombre y una mujer llegaron a su hogar en medio de la noche, la sacaron de la cama y la subieron a un auto. En medio de la confusión, la adolescente pensó que se trataba de policías.
 “No podía entender lo que estaba pasando, nunca antes había tenido ningún problema con la ley”, recordó la joven. Lo que Rebecca jamás se imaginó fue que a partir de ese momento su vida se convertiría en una pesadilla de abusos que jamás podría olvidar.
Rebecca después supo que su madre la había inscripto en un programa residencial para “curar” su lesbianismo y que la pareja la estaba llevando a una residencia donde supuestamente la rehabilitarían.
Al llegar al establecimiento, el personal de la institución le explicó las reglas que debía seguir, entre ellas, no podía hablar ni tener ningún tipo de contacto físico con nadie, aunque este se limitase a darle la mano o abrazar a alguien.  Cada vez que uno de los jóvenes rompía una de las reglas que le habían asignado, le sacaban puntos. Para poder salir de la institución, los niños debían tener un número determinado de puntos.
Rebecca contó que había casos de padres que iban a visitar a sus hijos, pero no les creían cuando ellos les decían que estaban siendo abusados.
“Había padres que dejaban a sus hijos y ya no les volvían a hablar”, indicó. La joven dijo que también había padres que querían sacar a sus niños de ese lugar, pero no podían hacerlo porque les habían hecho firmar un contrato por 15 meses.
Rebecca contó que el aislamiento y el abuso mental todavía la persiguen tres años después.
“Conocí a adultos que después de 20 años no podían olvidar ni recuperarse del abuso. Los castigos que emplean te bloquean emocionalmente, y te vuelven un ‘poco loca’”, comentó.
Otra de las muchas prácticas abusivas era privar a los niños de comida.  “Nadie debería dejar de alimentar a un niño ni quitarle cualquier otro derecho fundamental para castigarlo”, señaló Rebecca.

Patrones de abuso

Tristemente, la historia de Rebecca no es un caso aislado.
La Oficina gubernamental de responsabilidades (United States Government Accountability Office), realizó una investigación en respuesta a los alegatos de abuso y encontró evidencia de negligencia, castigos negativos e ineficacia del personal, en la mayoría de los casos.
Entre los casos investigados, el reporte de la agencia menciona la muerte de una adolescente de 15 años, por deshidratación. Si bien la niña había presentado síntomas durante dos días previos a su muerte, el personal del programa asumió que estaba fingiendo. Su cuerpo yació inerte en un camino del área por 18 horas, antes de que alguien se ocupase de él.
En otro caso, un adolescente de 15 años fue contenido por la fuerza por el personal, con la cara boca abajo contra la tierra durante 45 minutos. El niño murió por hemorragia interna. El incidente fue caratulado como asesinato.
El reporte también encontró que sólo en un año, 1,619 empleados de programas de este tipo, de 33 diferentes estados, estuvieron involucrados en incidentes de abuso.
La organización de Sobrevivientes de abuso institucional (SIA) ha reportado más de 300 muertes vinculadas a estos programas.

Legalmente hablando

El mes pasado, el Centro LGBT de Los Ángeles, la organización de Sobrevivientes de Abuso Institucional y el Senador Ricardo Lara lanzaron una campaña nacional para regular la industria de programas residenciales para jóvenes “problemáticos”.
“Es indignante que los salones de uñas del barrio tengan más regulaciones que la industria de tratamientos residenciales, campamentos y programas de este tipo,  a quienes se les confían la vida de niños”, expresó David García, Director de políticas públicas del Centro de Los Ángeles. “Hemos oído historias de sobrevivientes que fueron torturados, privados de comida y agua, abusados físicamente y sometidos a shocks eléctricos. También hemos hablado con padres cuyos niños han muerto en estos programas”.
El proyecto de ley SB 524 busca regular este tipo de programas y proteger los derechos de niños y adolescentes. El Representante Adam Schiff y otros líderes del Congreso están trabajando en una legislación que regule este tipo de industria a nivel federal.

Nada que curar

A pesar de que los fantasmas del abuso aun la acompañan, Rebecca dijo no sentir rencor por la decisión de la madre.
“Mi mamá se siente mal por haberme enviado, ella no sabía que era así”, indicó la joven. “En realidad, me siento orgullosa de ella, de ver cuánto pudo abrir su mente en estos años”.
Dentro de la comunidad latina, aún existen padres que creen que la homosexualidad es una “enfermedad” o “problema” que debe ser “resuelto”, y cómo en el caso de Rebecca, caen víctimas de organizaciones inescrupulosas.
En febrero de este año, en New Jersey,  el Juez Peter Bariso Jr, dictó un fallo en contra de un grupo de terapistas que sostenían que la homosexualidad era un “desorden mental” que podía ser “curado”.
El juez señaló que las terapias de conversión eran un fraude al consumidor.
El juez comparó la teoría de que la homosexualidad es una enfermedad, con la teoría de que la tierra es cuadrada. “Existen abrumadoras pruebas científicas que confirman que la homosexualidad no es ni un desorden, ni nada anormal”, aseguró.
El fallo es parte de un juicio de cuatro hombres que alegan haber sido humillados por terapistas de un programa de conversión.

Señales de advertencia

Estos programas también conocidos como Boarding School,  Wilderness program o Boot Camp se encuentran distribuidos en todo el país, desde Texas y Georgia, pasando por North Carolina, hasta New York y Montana, y su costo aproximado oscila entre $2,700 y $13,000 dólares.
Cuando la Oficina gubernamental de responsabilidad (United States Government Accountability Office) investigó los alegatos de abuso en contra de estas instituciones, también encontró que cuando los padres llamaban para pedir información, muchas veces recibían información engañosa y errónea, para convencerlos de que inscriban a sus hijos. Para escuchar algunas de las conversaciones grabadas durante la investigación, hazle click aqui
“El problema con estos lugares es que cuando tienen problemas, enseguida le cambian el nombre y siguen operando como si nada”, señaló López, y dijo que la institución a la que la llevaron había hecho precisamente eso y seguía operando bajo otro nombre.
La Alianza para tratamientos residenciales seguros ofrece algunas señales de alerta, para aquellos padres que podrían estar considerando esta opción:
* Desconfía de los programas que te ofrecen recoger a tu hijo por la casa y llevárselo a la institución.
* Tampoco confíes de aquellos programas que hacen el diagnóstico y asesoramiento de tu hijo por teléfono o internet, sin conocerlo personalmente o que te presionan a actuar de inmediato. Este tipo de programa considera “problemático” a cualquier comportamiento de los niños, desde una actitud de rebelión, típica de los adolescentes, hasta la orientación sexual del joven.
* Ten cuidado con los programas que restringen la comunicación entre padres e hijos, o que te piden que renuncies a tus derechos paternales.
* Aléjate de programas que utilizan técnicas excesivas y violentas, conocidas como “tough love”, y que incluyen aislamiento, técnicas de miedo, humillación y restricciones físicas. No sólo son peligrosas, sino también probadamente inefectivas.
* No firmes contratos irrazonables que incluyan la custodia de tus hijos, o la promesa de no hacer reportes sobre abuso infantil en la institución.