Intimidades de una fan de la copa menstrual

La copa menstrual está “in”. Parece la solución perfecta para las mujeres eco-friendly, para las que siguen la tendencia del consumo responsable y las que buscan conectarse más con su naturaleza femenina. En internet hay mucha información, pero nadie mejor para hablar de ella que una usuaria real de la copa.computadora

La usa hace varios meses y su experiencia cambió de: “francamente no sé en qué momento decidí comprarla” a: “jamás en la vida volveré a meterme un tampón”. Eva nos cuenta con detalle su experiencia con la copa menstrual, tal como se la cuenta a sus amigas.

Primero leyó decenas de comentarios sobre la copa, desde los que preguntaban de quién había sido la grandiosa idea de “meterse algo así por ahí”, hasta los que bendecían el momento en que la habían descubierto: “Me convencieron las matemáticas. Si cada mes consumía cerca de 20 toallas sanitarias y tampones, la suma era de casi 6,000 toallas usadas, unos 300 paquetes de 12 hasta ese momento de mi vida. Las imaginé apiladas en mi casa, o en el basurero, o en el mar… Encima, 300x $10 promedio… Salí a comprarla”.

El primer contacto de Eva con su copa menstrual fue, digamos, rudo, “un verdadero desastre. Primero la sentí muy dura como para doblarla adecuadamente y lograr introducirla en mi vagina. No te voy a presumir que soy estrecha, pero en realidad una no tiene noción de cuánto puede entrar por ahí, y mira que han entrado materiales interesantes, je je… A lo que voy es a que definitivamente tienes que meter al menos dos dedos para acomodarla, y sí mi reina, la manita se ensucia”.sangre

Nuestra chica confiesa que quizá mirar la sangre dentro de la copa y en sus manos fue lo más impresionante del asunto: “Cuando usaba toallas o tampones, prácticamente ni miraba la sangre. Simplemente quitaba la sucia, la envolvía, la tiraba, ponía otra blanquita, blanquita y fin de la historia. Así que al principio no me gustaba ver toda esa sangre así nomás.

“Encima me tardaba un montón en acomodarla bien porque, aunque el ginecólogo me lo había comentado, yo no entendía que mi entrada vaginal está un poco inclinada, entonces tuve que lucharle hasta que entendí cómo introducir la copa de acuerdo a esa característica particular de mi cuerpo, y reconocer eso con mis manos fue todo un insight”, agrega.

“Sacarla fue otro triunfo. Al principio el piso del baño quedaba peor que escena de Kill Bill porque todo se me escurría, pero poco a poco fui tomando maña y práctica. Ahora puedo sacarla sin derramar nada y me tardo mucho menos”, narra la que hoy se declara fan de la copa: “La segunda vez que me tocaba usarla pensé en mejor enterrarla en el jardín para que las futuras generaciones la encontraran después de la tercera guerra mundial, pero respiré profundo y decidí intentarlo 2 periodos más… y hoy me niego a ponerme una toalla o un tampón. Lo que más me tiene sorprendida es que mis periodos son más cortos, menos abundantes, los cólicos que tenía de vez en cuando desaparecieron, también los malos olores, y es realmente cómoda. Hasta he convencido a varias amigas de que la usen y les paso mis tips para que no se desanimen”.

¿Y cuáles son esos tips?

  • Piensa siempre que es un proceso nuevo que debes aprender. Si las primeras veces necesitas combinar toallas con la copa, go girl. Ten paciencia con tu cuerpo y mejor si tienes las uñas cortas.
  • No tomes la sangre menstrual como algo sucio, sino como una semilla. Esa sangre en tu copa es completamente fértil y aunque yo no he llegado a ese punto, hay quien riega sus plantas con ella.
  • Prueba diferentes formas de pararte y empujarla para acomodarla. Un día vas a encontrar la tuya. Ah, y lee las instrucciones primero y con cuidado.
  • No entres en pánico. La copa no se puede ir dentro de tu cuerpo, así que si no la encuentras, puja. ¡Bendito Kegel!
  • No importa cuánto tardaste en quitarla o ponerla la primera vez, o cuánto ensuciaste o cuán primitivo te pueda parecer: date oportunidad de probarla al menos 3 periodos. Vale la pena, te lo aseguro.