Lunes 10 de Diciembre 2018

¿Ser green o ser cool? He ahí el dilema

¿Ser green o ser cool? He ahí el dilema

De repente los estantes de los supermercados se han llenado de decenas de opciones “green”: sin BPA, biodegradables, cruelty-free, que no dañan la capa de ozono, LDPE, PS, HDPE, reciclable grado 1, 2, 3, 4, 5, 6, 7… Ay ay ay. Así como así los productos que ofrecen ser amigables con el medio ambiente se han llenado de etiquetas que difícilmente entendemos o siquiera nos tomamos la molestia de investigar.

Es tan fácil como que, si un producto dice ser organic-green-ecofriendly- recyclable&environmental algo, vale la pena comprarlo; y entre más etiquetas verdes tenga, mejor, porque seguro es greener yet. Y muy cool. El problema es que ésta es una solución para un target preocupado en cierto grado, sí, por el medio ambiente, pero que en realidad hace un mínimo esfuerzo para mantener la conciencia tranquila.green

Y antes de que me salten encima los fervientes seguidores de lo orgánico y lo verde, permítanme explicar: los productos green pueden ser menos nocivos para el medio ambiente, agree. Vale la pena elegirlos por encima de los comunes y corrientes que generalmente son más baratos y no cuentan con certificaciones ni etiquetas ecofriendly, agree también. Pero que hay productos que son más hijos del marketing que de una preocupación ambiental, es cierto también. ¿Cómo explicar entonces que exista una bebida de cola “green”, cuando hay investigaciones documentadas sobre las prácticas poco ecofriendly de la compañía que la produce?

Observa en tu próxima visita al supermercado: muchas de las grandes compañías que, en general, se caracterizan por depredar recursos naturales sin ton ni son para asegurar su producción, ofrecen alguna opción “green”, y no precisamente por una piadosa preocupación ambiental, sino por la simple y sencilla razón de que existe un nicho de mercado, muy cool, muy trendy y muy de moda, que pagará incluso un poco más con tal de sentirse y verse green. Y de ayudar al planeta, of course.

I.e.: comprar agua envasada en una botella reciclable que muy conscientemente aplastaremos y tiraremos después en una bolsa azul o negra o whatever, está muy bien, pero no es inofensivo para el medio ambiente; dejar de comprar botellas y envolturas plásticas puede ser más eficiente. Comprar café en un vaso de cartón en lugar de uno de foamy es muy cool; llevar tu propia taza es más cool. Comprar detergente biodegradable y cruelty free, es muy bueno; usar menos químicos, verdes o no, para contaminar menos el agua puede ser mejor.

En resumen: los productos green no están mal, lo que es cuestionable es nuestro compromiso real con el medio ambiente. Gastar más en opciones verdes no significa que estamos ayudando más. Reducir el consumo de basura instantánea, esa que desechamos casi de inmediato (bolsas, envolturas, botellas, celulares, cajitas, baterías, etc., etc.) es una opción más realista, al igual que consumir a pequeños productores locales y dejar de comprar lo que realmente no necesito, aunque sea muy verde. Y sí, aportar un granito de arena es valiosísimo, pero consumismo será siempre consumismo, no importa en qué color se envuelva.