Martes 25 de Septiembre 2018

El antídoto contra las relaciones tóxicas existe

Encontrarme con ella era realmente un PITA. Todo el tiempo se quejaba y me reclamaba porque yo tenía otros amigos, porque no la invitaba a algunas reuniones, porque algún fin de semana yo no quería verla. Y yo no sabía qué hacer con esta muy querida amiga mía desde hacía algunos años, que se comportaba más como un novio celoso que como mi amiga. Una relación tóxica, sin duda.

Te voy a contar cómo me sentía y lo que aprendí de la experiencia:

Confundida. No sabía por qué mi amiga se comportaba así. Habíamos tenido una buena relación durante un tiempo y no supe en qué momento empezó a tornarse tan posesiva y extraña. Entendí que las relaciones cambian, ya sea por circunstancias externas, o por detonantes internos, pero las relaciones se mueven y son dinámicas.

Incómoda. Literalmente, estar con ella sacaba lo peor de mí. Yo no sabía manejar la situación y ella me presionaba casi siempre. El resultado: al no encontrar una manera amable de quitármela de encima, la agredía emocionalmente para que se alejara; obvio, no funcionó. Hallé que las relaciones tóxicas no se “curan” añadiendo más toxicidad en ellas. Agresión sólo genera agresión.

Culpable. Que yo no la incluyera en otros círculos sociales, que yo no cumpliera con sus expectativas, que yo la hiciera sentir mal, ponía sobre mi espalda una piedra gigante llamada culpa. Aprendí que la relación con otra persona, ya sea amigo, familiar, pareja, coworker o whatever, es una sociedad en la que no hay culpables, sino responsables. Y la responsabilidad de lo que ocurra en esa sociedad es 50-50.

Asfixiada. Pasar tiempo con ella era como nadar en un pantano: sus quejas, las agresiones mutuas, las condiciones, las expectativas, lo que no nos atrevíamos a decir, todo eso hacía la relación viscosa, difícil de digerir. Entendí que la única manera de escapar del pantano, era salir de él.

toxico

Situaciones más, situaciones menos, prácticamente todas hemos estado involucradas en una relación tóxica alguna vez en la vida, con una pareja, un familiar, un jefe, un amigo, etc., etc. En algunos casos el nivel de agresión es tan grave que se convierte en violencia incluso física. Y estamos tan metidas en el pantano que es difícil detenerse a buscar una salida.

Yo puse distancia. Cuando comprendí que me comportaba como una persona que yo no quería ser, le ofrecí una disculpa por no saber cómo manejar la relación y puse distancia. Dejé de responder sus llamadas y de frecuentarla. No fue fácil, porque las relaciones tóxicas son adictivas, pero fue lo mejor. En otro momento de la vida recuperamos la relación y hoy cada una pone sus límites.

¿Cuál es el antídoto entonces? Se llama autoestima. Si mi autoestima está balanceada no necesito ser lo que no soy, ni cumplir las expectativas de nadie, ni agredir a nadie y mucho menos aceptar que me agredan. Además, si mi autoestima está sana, puedo entender que para que una relación tóxica exista, se necesitan siempre dos.