Un corazón roto sí mata

Más que un argumento de telenovela o de novela rosa de puesto de periódicos, el corazón roto existe. Se trata de un debilitamiento temporal del corazón que se conoce justo como síndrome del corazón roto o también como miocardiopatía de Takotsubo.

Culturalmente asociamos al corazón con el amor, por ser uno de los órganos más valiosos y sorprendentes del cuerpo. Por darte sólo un dato curioso, ¿sabes que el corazón es prácticamente el único órgano que no enferma de cáncer? Así de amazing is. Hemos hablado antes de cómo las emociones que no sabemos manejar, generan algunos problemas en nuestro cuerpo que pueden expresarse como enfermedades; pero en el caso del corazón roto, está comprobado científicamente que una fuerte impresión, una pérdida muy dolorosa o incluso una descarga de ira pueden provocar síntomas parecidos a los un infarto.

Según el American Journal of Cardiology esa sensación espantosa de opresión-dolor en el pecho y falta de oxígeno que experimentamos cuando perdemos a un ser querido, cuando vivimos una separación de pareja o cuando pasamos por un trance cargado de estrés y angustia como un accidente, provoca que el organismo genere una gran cantidad de adrenalina. La adrenalina contrae los conductos sanguíneos y afecta el funcionamiento del ventrículo izquierdo de nuestro (emocionalmente) herido corazón.

La diferencia básica entre el infarto y el síndrome del corazón roto es que en el primero se afectan las arterias coronarias, mientras en el segundo es el músculo del corazón, tal cual, el que recibe el impacto. La buena noticia es que se trata de una afección temporal, así como es temporal el sufrimiento que causa un duelo; la mala es que aproximadamente un 2% de quienes llegan a padecer este síndrome sufren un infarto.

¿Adivina qué sector de la población sufre más este curioso síndrome? Sí, nosotras las mujeres, en especial las que se encuentran en la etapa de la posmenopausia. Quizá tenga que ver con lo difícil que es a veces aceptar los cambios de la vida y los de nuestro propio cuerpo, pero esa es otra historia.