Jueves 19 de Julio 2018

Anatomía de una adicta al smartphone

Anatomía de una adicta al smartphone
Las mujeres pasan unas 10 horas diarias pegadas al smartphone

Abundan en la calle y en el subway. Algunas mueven los dedos a gran velocidad, generalmente índices o pulgares, mientras caminan o cruzan la calle y parece que miran hacia el piso. Otras hablan sin cesar por sus headphones y llevan la mirada perdida en algún punto. Se trata de las adictas a los smartphones.

Nada pueden hacer sin el smartphone: mientras comen, teclean búsquedas, mensajes o miran fotos y sonríen; mientras dialogan con otra persona, cada tanto atienden al teléfono con cierta urgencia; incluso mientras conducen, escriben o conversan con él, y ni hablar de los trayectos en el bus o las visitas al sanitario. El smartphone les acompaña siempre.

Un estudio de la Universidad de Baylor reveló que las mujeres pasan alrededor de 10 horas diarias en el celular, mientras los hombres pasan 8. Además de la dependencia psicológica, es posible identificar a una adicta al Smartphone por las características que el uso prolongado del device está generando en su cuerpo.

Comencemos con las manos. Luego de todo un día de jugar, teclear mensajes, subir archivos y deslizar fotos en el Smartphone, es común sufrir calambres en los dedos y dolor en las manos, lo que provoca una contracción de sus músculos. A este rasgo ya se le llama “Text Claw”. Además contribuye a la inflamación de los tendones y la condición del túnel carpiano.

Sigamos con los brazos. Al mantener los codos doblados mucho tiempo para sostener el teléfono, es común que dedos anulares y meñiques se adormezcan. El Hand to Shoulder Center de Indiana identifica este problema como “Cell Phone Elbow”.

Subamos a la cabeza: mirar siempre hacia abajo puede provocar dolores de cuello y espalda. “iPosture” le dicen. Ello sin considerar que las posibilidades de tropezar, chocar o golpearse aumentan al no mirar hacia el frente. En cuanto a los oídos, el desgaste provocado por los auriculares comienza ya a edades más tempranas. El uso recomendado es de máximo 2 horas diarias a menos de 50 decibeles.

Por último, la ansiedad que provoca revisar el teléfono a cada momento para verificar si hay mensajes nuevos o no, genera incluso la sensación de vibración cuando no ocurre en realidad. Hasta no recibir mensajes nuevos les genera ansiedad. Y ni hablar de los momentos, los detalles, la dinámica de la vida que pierden al tener la cabeza permanentemente agachada y la mirada fija en el teléfono. La vida está al frente, ¡levanta la cabeza!