Lunes 11 de Diciembre 2017

Madres solteras por puro gusto

Cada día más mujeres, incluyendo a las hispanas, deciden tener hijos sin la ayuda de una pareja estable

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Madres solteras por puro gusto
Rosa Maestro, con una de sus hijas, es la fundadora de masola.org, un sitio web dedicado a ayudar a quienes deciden convertirse en madres solteras.
Foto: Suministrada

San Francisco – Ya sea porque están mayores o porque no han encontrado al “hombre ideal”, cada día más mujeres deciden formar una familia sin la ayuda de una pareja estable.

Antiguamente, el concepto de familia involucraba la figura materna y la paterna, pero hoy las cosas han cambiado. Lo que se conoce como “familia monoparental”, es decir, aquella compuesta sólo por una madre o un padre más sus hijos, es una tendencia que va en aumento y muchas mujeres están considerando la opción de formar una así.

Jane Mattes, psicoterapeuta y fundadora de la Organización “Single Mothers by Choice” (Madres solteras por elección) cuenta que “la razón principal por la que nuestras integrantes eligen la maternidad a solas es porque desean convertirse en madres y no han encontrado a la persona indicada para casarse o alguien con quién compartir sus vidas y sienten que su reloj biológico ya está sonando”.

Para lograr el sueño de ser mamás, estas mujeres recurren a alternativas como la adopción o la inseminación artificial. Mattes explica que “la mayor parte de ellas decide concebir a un niño a través de un donante obtenido de un banco de esperma y alrededor de un 25% opta por la adopción”.

Es que últimamente, la posibilidad de acudir a los avances científicos para lograr un embarazo es una medida que cada vez gana más adeptas, ya que según estimaciones de Cryobank -el banco de donantes de esperma más grande de California- un tercio de todos sus clientes corresponden a mujeres que desean ser madres solteras.

Pero ¿cuál es el perfil de aquellas que deciden construir una familia por sí solas? La psicoterapeuta comenta que corresponden a un grupo de féminas “cuyo rango etáreo varía entre los 29 y 49 años, aunque muchas están en los 30 y tantos.

Casi todas poseen un título universitario o más y tienen ingresos suficientes como para criar y educar a un niño por sus propios medios”.

Rosa Maestro, fundadora de masola.org, un sitio web dedicado a ayudar a quienes deciden convertirse en madres solteras sin recurrir a una pareja, tiene una familia “monoparental” compuesta por ella y sus dos pequeñas hijas de 8 y 3 años. A su primera niña la tuvo por medio de reproducción asistida a través de un donante y a la segunda, por adopción.

Con la voz de su propia experiencia cuenta que si bien había tenido varias parejas en el pasado, nunca se planteó el tener un hijo con ellas porque “si la pareja no iba bien, menos lo iba a ir con un hijo. No quería tener un niño para estar luego en juicios o que sufriese los problemas de sus padres”, reflexiona.

Cuando ya cumplió 38 años y en vista de que no encontraba a su “príncipe azul” como ella lo llama, decidió convertirse en mamá por primera vez utilizando la vía de la inseminación artificial. Dice que aunque barajó la idea de adoptar, prefirió embarazarse de un donante pues los trámites legales podían tardar varios años.

Así tuvo a su primera bebé y cinco años más tarde completó su familia con su segunda hija, esta vez por medio de la adopción. Hoy, Rosa se muestra muy contenta con el núcleo que ha formado y siente que si bien sus hijas son aún pequeñas, nunca les ha hecho falta un padre.

“Ellas están rodeadas de figuras masculinas y son felices. Son niñas normales, como las de cualquier otra familia. Lo importante no es cómo está formada una familia, cuántos la compongan o de qué sexo sean, sino la calidad de ésta, la educación, el amor, y la estabilidad que se ofrece”, sostiene.

Un punto muy importante para ella, eso sí, es que sus pequeñitas conozcan su origen.

“Ellas son conocedoras de su historia, que se las digo a través de un cuento que me inventé cuando la mayor cumplió 3 años. Es que soy partidaria de contarle a los niños siempre la verdad, que crezcan sabiendo quiénes son y que estén orgullosos de su modelo de familia”.

Y claramente Rosa sí está dichosa con el clan que ha formado. “Emocionalmente es lo mejor que he hecho en mi vida. Mil veces que naciese, mil veces que volvería a hacer lo mismo. Soy muy feliz y no cambiaría a mi familia por nada del mundo”, concluye.